¿Participación en las aulas?

-¿Qué prefieren, ordenar las mesas en grupo o ponernos en forma de “U”? -pregunta un profesor de educación infantil al conjunto de la clase. Las respuestas son inmediatas, más de la mitad de las personas quiere pronunciarse y esperan, tras un primer momento algo caótico, su turno de palabra. Son niños y niñas de 5 años sentados en círculo durante la asamblea diaria, hoy deciden la forma de distribuirse en el espacio. Están aprendiendo a convivir. A la misma hora, en el instituto cercano se produce una pelea por un comentario molesto, en el centro hospitalario las diferencias entre profesional y usuario resuenan por la escalera de emergencia, donde también vociferan las pitas de los coches de la avenida, que aceleran apresurados cada cinco metros disponibles. -Vale, entonces probamos ponernos en forma de “U” durante dos semanas -concluye Inés -. Se levantan, con algo de desorden, y salen al patio a jugar juntos.

No nos gusta que decidan por nosotros/as. Queremos un espacio público de debate, una transferencia del poder de arriba hacia abajo, tomar las decisiones sobre el modelo de desarrollo de nuestra sociedad… pero somos tantos/as que los desacuerdos surgirán desde la primera propuesta. Nos cuesta hasta salir al patio a jugar juntos. ¿Está la ciudadanía preparada? En parte sí, en parte no; es un aprendizaje constante. Implica modular nuestras posturas, nuestra preciada razón, para dejar hueco a los argumentos e intereses del otro. En medio, mis valores, tus emociones, las urgencias más prosaicas de un tercero, los egos del cuarto, las relaciones jerárquicas aceptadas en la memoria… Parece que se ponga a funcionar el universo entero para llegar a un acuerdo cordial, aunque, igual que al aprender a tocar la guitarra, la práctica hace los movimientos más sencillos.

¿Pero por dónde empezar? Un paso se ha dado ya desde las administraciones públicas, que en mayor o menor grado de acierto o interés, han creado consejerías, concejalías y comisiones. No obstante, la falta de práctica es alarmante, ni las esferas políticas ni la ciudadanía tienen claros los cauces y los límites. La situación apunta a un proceso largo, hace falta mayor impulso de base y facilitar la participación en todos los niveles educativos, continuar con el trabajo que se hace en los cursos de educación infantil. ¿Para qué detenerlo? Supone un ejercicio básico de ciudadanía responsable, es derecho y deber.

De hecho, profundicemos en la reflexión. Los niños y las niñas son el 35% de la población mundial ¿Es justo dejarles sin voz? ¿Preferimos que no esté representado este alto porcentaje en ninguna de las decisiones que afectan al común de las personas? Suponemos que surgen dudas sobre la conveniencia de escuchar el criterio de una niña de 8 años sobre la ordenación de un territorio, pero sigamos ahondando. En la Convención de los Derechos de la Infancia, en vigor en España desde 1990, se recogen 54 artículos, ordenados en 4 bloques de contenido, uno de ellos exclusivo para la participación infantil ¿Sorprendido/a?

  1. Derecho a la supervivencia
  2. Derecho al desarrollo
  3. Derecho a la protección
  4. Derecho a la participación

Tendemos de una manera casi inconsciente a brindar seguridad a los niños y las niñas, los ponemos rápidamente a cubierto. También les exigimos que estudien, lean, practiquen deporte y se diviertan, que se comporten y no molesten, que tengan en cuenta a las demás personas. En esto coinciden muchas familias. Lo que no es tan frecuente es que hagamos partícipe a los/as menores de las decisiones que determinarán su vida durante, por ejemplo, cuatro años.

Se puede pensar que este planteamiento no es deseable, que es ir demasiado lejos, que la capacidad para ser autónomo/a se va adquiriendo y es nuestra responsabilidad tomar decisiones por ellos/as. Puede ser. No es fácil encontrar el equilibrio entre sus libertades y nuestra responsabilidad. Pero hay algo sobre lo que sí estamos convencidos: introducir procesos participativos en las aulas.

Para los/as lectores más escépticos: hay fundamentos pedagógicos que avalan esta iniciativa. El aprendizaje colaborativo, la pedagogía por proyectos, la educación emocional y la construcción social de la convivencia, los postulados sobre el pensamiento crítico y las habilidades cognitivas… ¿Que a qué se le quita tiempo, con lo difícil que está el mercado laboral? Pensemos que una persona autónoma, que asume responsabilidad y tolera incertidumbres, que se adapta y aporta al grupo, que maneja los cambios y es autodidacta… es un trabajador/a o emprendedor/a con las competencias profesionales más importantes y demandadas.

Y para empezar a familiarizarnos, observemos una escala de participación en la escuela, ya que sobre este tema, más bien somos las personas adultas las que no demostramos estar preparadas:

Por cierto, el ejemplo con el que iniciábamos esta entrada en el blog, cuando la profesora pregunta sobre la forma de disponer las mesas en la clase ¿Qué escalón representa? Si quieres, apóyate en este enlace.

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Publicado en Artículo, Educación, Participación

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